CRÍTICA TIMEOUT, por Nuria Vidal

Basat en la tercera part de la Trilogía del Watusi, una de les novel·les més importants de Francisco Casavella, El idioma imposible és el primer llarg de Rodrigo Rodero, conegut fins ara pels seus curts. Ambientada en el món de la droga que dominava la Barcelona marginal de principis dels vuitanta, una Barcelona que ja no existeix i que dos documentals recents, Morir de día i Barcelona era una festa, intenten recordar amb la seva doble dosi de tragèdia i de comèdia. El film és una poderosa història d’amor entre Fernando (Andrés Gertrudix), un jove sense futur que es mou pels carrers del barri xino, i Elsa (Irene Escolar), una adolescent de bona família amb una enorme capacitat d’autodestrucció. El millor del film és la contenció en la imatge, que mai cau en el sensacionalisme ni en el naturalisme; el profit que sap treure dels pocs racons que encara queden a Barcelona per evocar aquest temps; una banda sonora, cuidada i molt representativa; i la interpretació d’uns actors que saben expressar el buit de les seves vides amb silencis que diuen molt. El idioma imposible és una pel·lícula que serveix per recordar que a Barcelona es podia morir de dia tot i viure en una festa.
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Nuria Vidal. TIME OUT


Basado en la tercera parte de la Trilogía del Watusi, una de las novelas más importantes de Francisco Casavella, El idioma imposible es el primer largo de Rodrigo Rodero, conocido hasta ahora por los suyos cortos. Ambientada en el mundo de la droga que dominaba la Barcelona marginal de principios de los ochenta, una Barcelona que ya no existe y que dos documentales recientes, Morir de día y Barcelona era una fiesta, intentan recordar con su doble dosis de tragedia y de comedia. El film es una poderosa historia de amor entre Fernando (Andrés Gertrudix), un joven sin futuro que se mueve por las calles del barrio xino, y Elsa (Irene Escolar), una adolescente de buena familia con una enorme capacidad de autodestrucción. Lo mejor del film es la contención en la imagen, que nunca cae en el sensacionalismo ni en el naturalismo; el provecho que sabe sacar de los pocos rincones que todavía quedan a Barcelona para evocar este tiempo; una banda sonora, cuidada y muy representativa; y la interpretación de unos actores que saben expresar el vacío|hueco de sus vidas con silencios que dicen mucho. El idioma imposible es una película que sirve para recordar que en Barcelona se podía morir de día a pesar de vivir en una fiesta.
-Nuria Vidal. TIMEOUT



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En las antípodas del cine de Eloy de la Iglesia

De entre entre todos los debutantes que han logrado estrenar película este año convendría retener el nombre de Rodrigo Rodero, que se muestra como el más personal y dotado de un estilo propio. Ha sabido dar un tratamiento muy suyo a la novela homónima de Francisco Casavella, la cual en la pantalla adquiere un aire tristón muy especial. La adaptación, junto a Michel Gaztambide, evita caer en los tópicos y lugares comunes asociados al consumo de heroína en la década de los ochenta, gracias a lo que se sitúa en las antípodas del cine de Eloy de la Iglesia. Esa ruptura consciente con toda una tradición populista de los «chutes» y los «picos», surge del interés por crear otro tipo de atmósfera, más propicia para dar una visión de aquel fenómeno coyuntural en clave intimista. Mediante una utilización del plano-secuencia a lo Jaime Rosales consigue desprenderse de los superfluo obteniendo momentos tan intensos como el de la procesión de Semana Santa de los marginados del Barrio Chino de Barcelona, o la visita a la vivienda gitana para inyectarse la dosis. Hay películas que nunca serían lo mismo sin el rostro humano que las guía de principio a fin y “El idioma imposible” es lo que es en función de la presencia absoluta de un Andrés Gertrudix que parece iluminado por el espíritu imperecedero de la nouvelle vague. Domina una pose introvertida que le hace estar fuera del tiempo que le toca vivir y así es cómo su personaje se salva de la quema, sin dejarse arrastrar por amores condenados o relaciones destructivas. El resto de los secundarios forma parte de un paisaje urbano definido por las canciones, con las que se identifican los diferentes secundarios, destacando Karra Elejalde en su rol de filósofo de taberna al que nadie parece querer escuchar. Pero el tema que mejor encaja en tan olvidado ambiente del pasado es el “Mon amie la rose” cantado por Françoise Hardy, cuya letra es reinventada a su manera por los que entonces no conocían o comprendían otros idiomas. Mikel INSAUSTI DIARIO GARA

CRÍTICA CAHIERS DU CINEMA

Dejando a un lado la dimensión sociológica y su extraordinaria repercusión en taquilla, la verdadera importancia del denominado cine quinqui radica en que permitió a sus creadores sacar las cámaras a la calle, retratar la inmediatez del momento y desarrollar un ecosistema poblado de héroes suburbiales, muchas veces interpretados por los propios delincuentes. La Transición otorgó carta de libertad a directores como J.A. de la Loma o Eloy de la Iglesia para hablar de temas que hasta ese momento eran tabú en la perezosa sociedad española de finales de los setenta. Estableciendo un puente de diálogo con esta etapa (ahora también reivindicada desde el punto de vista cultural), el director debutante Rodrigo Rodero aporta una visión (pos)moderna de alguno de los títulos quinquis más emblemáticos en "El idioma imposible".
Estamos en Barcelona, en la década de los ochenta, en el Barrio Chino. Allí, en pleno desierto preolímpico, se cruzan los destinos de un camello de poca monta (un excelente Andrés Gertrudix) y de una niña bien con tendencia a la autodestrucción (Irene Escolar). Estos personajes viven dentro de una de las partes de la trilogía "El día del Watussi", de Francisco Casavella. Rodero se sumerge en el muy reconocible universo del fallecido escritor para filmar una película que supone, además de una desgarrada historia de amor, una puesta al día de los códigos y personajes del quinquismo más radical.
Olvidada ya la urgencia del momento y restablecidas las libertades para afrontar un retrato certero de la marginalidad, Rodero huye del cliché para analizar las causas y las consecuencias de lo que acontecía hace dos décadas en esos barrios canallas. Y lo hace con un estilo radical, que apuesta por una planificación pausada, el naturalismo en el retrato de los momentos más truculentos y una fotografía despojada de cualquier tentación retro. Como ya se sabe el final, como se atisba que la droga va a terminar con la vida de estos superhéores de barrio, Rodero elude mitificar estos cadáveres en vida. Simplemente está decidido a dejar testimonio de que estuvieron allí y de que una vez fueron parte importante de nuestra sociedad y, por supuesto, de nuestro cine.

Fernando Bernal (CAHIERS DU CINEMA) Noviembre 2010

CRÍTICA LA BUTACA AZUL

Maravillosa película, maravilloso descubrimiento.

El principio de los años ochenta representado con poderosa precisión, embellecido por la hermosa labor de fotografía de Luis Bellido, que sabe captar la poesía caótica y nocturna de los bajos fondos, en constante penumbra.

Película trazada con un gusto musical exquisito: la música es narradora y al mismo tiempo protagonista de una historia que confía en el poder de los sonidos y en la fuerza narrativa de las canciones para contar lo que acontece más allá de las palabras, de los gestos y las miradas.

Maravilloso encuentro.

El film hace justicia así con la historia de su país, y hace también las paces de algún modo con su cine, o al menos reivindica cómo éste ignoró la situación social del momento. El cine hace las paces con su historia, al conseguir mirarla por fin de frente.

Maravilloso descubrimiento Rodrigo Rodero, también.

Más cerca de Philippe Garrel que de ningún otro cineasta, el primer y auténtico heredero en nuestro cine de la tradición francesa de la nouvelle vague, la madurez formal de su primera película resulta ya impecable, su dominio del tempo cinematográfico, la fuerza expresiva de sus primeros planos, la intensidad dramática de sus momentos de silencio, la valentía de una estructura y una puesta en escena fuera de lo común.

La inexperiencia acusa sin embargo en la plúmbea pedantería de los diálogos, en la búsqueda continua de la poesía, la profundidad y la trascendencia. No hay nunca ligereza, nunca momento para la espontaneidad ni la sutil sonrisa, sólo hay momento para la afectación, el drama contenido y la pureza única de la ingenuidad propia de una ópera prima.

Los bajos fondos, la drogadicción, el Barrio Chino barcelonés retratado en un plano geográfico que podría recordar a cualquier otro suburbio universal. Un mundo excelentemente esbozado en unas pocas pinceladas, en pocos gestos y apenas unas pocas frases.

La película alcanza su expresión maestra en el plano fijo, de duración interminable, de fogosa intensidad, en que Fernando ve perderse a Elsa entre las frágiles cortinas del otro mundo, del umbral, el paso al universo de la drogadicción y la pérdida total de identidad propia.

Maravilloso reencuentro con la capacidad del cine de sostener el plano tanto como sostener la mirada. Sostener la manera de rodar, soportar la pérdida del ser querido ante nuestros propios ojos, y la eterna búsqueda de ella a través de los demás.

Gracias, Rodrigo.

LA BUTACA AZUL

ESTRENO DE 'EL IDIOMA IMPOSIBLE', HOMENAJE PÓSTUMO A FRANCISCO CASAVELLA

El debut en la dirección de Rodrigo Rodero (con cortometrajes como "Chatarra", 2005, que estuvo preseleccionado para los Oscar) es una adaptación de "El idioma imposible" (publicada en 2003), conclusión de la trilogía de "El día del Watusi" (cuyos otros libros fueron "Los juegos feroces", 2002, y ".Viento y joyas", 2002) de Francisco Casavella, cronista de la Barcelona canalla de los años 80 y 90, fallecido en 2008.
Presenta el film de Rodero a Fernando (Andrés Gertrúdix, mención al mejor actor en el festival de Cine de Madrid-PNR y con otras películas como "Los aires difíciles"; Gerardo Herrero, 2006), un ser desencantado que pulula por el Barrio Chino de Barcelona y otras zonas de marcha (a principios de los 90, justo antes de las Olimpiadas) en las que ejerce de camello y vive al límite. Conoce en una de esas noches interminables recorriendo las calles a Elsa (Irene Escolar, actriz de "Canciones de amor en Lolita's Club; Vicente Aranda, 2007), una adolescente librepensadora que le acompaña en este constante peregrinaje por situaciones y personajes conflictivos que buscan sin convicción flores debajo del asfalto o un instante de felicidad siempre fugitiva.
Rodrigo Rodero ha querido ser fiel al espíritu de la novela y ha rodeado su película de silencios, de plasmación del vacío urbano y de seres sin norte sumidos en una especie de nirvana de la desolación que nos resultan muy conocidos a todos los que vivimos en una gran ciudad.
"El idioma imposible" es un intento valeroso por cultivar un cine de autor a contracorriente que necesita del apoyo y la complicidad del espectador para adentrarse en un tipo de narración más experimental que lo acostumbrado en las carteleras. Nos congratulamos de ello. ALBERTO ÚBEDA-PORTUGUÉS. 26 de noviembre de 2010
UN POCO DE CINE

CRÍTICA EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

Más que la adaptación de una novela de Francisco Casavella, El idioma imposible parece un homenaje al escritor. Casavella murió sin ver terminada la película, pero estoy casi seguro de que se habría reconocido en él. Esta adaptación de la tercera y última entrega del ciclo de El día del watusi es muy fiel a la pausa y la descripción del autor, a su configuración de personajes y situaciones límite, al filo siempre de la tragedia pero con los suficientes, necesarios, elementos de distanciamiento. También define muy literariamente la Barcelona canalla que tanto gustó de describir Casavella. Andrés Gertrudix, el protagonista, acude al hieratismo para sobrellevar la composición de un personaje desangrado por la vida, la vida imposible.
Quim Casas (El Periódico)

ENTREVISTA CON RODRIGO RODERO EN PASION POR EL CINE

ENTREVISTA